En Pensamiento mediocre, Óscar Teixidó intenta discernir la línea que separa la buena de la mala filosofía, pero sobre todo nos advierte de los peligros de abandonar la exigencia y de rendirnos al atractivo de verdades sin fundamento. Ante la confusión y la incongruencia, nos insta a reivindicar un pensamiento claro, coherente y en diálogo productivo con las ciencias, al tiempo que describe los rasgos distintivos de la mediocridad filosófica (sus errores más comunes y su contraste con la filosofía de calidad) para que nos sea más fácil localizarla.Es habitual hablar de obtener buenos o malos resultados, de generar buena o mala ciencia, de tener buena o mala fe. ¿Por qué no evaluar entonces también el pensamiento filosófico? Del mismo modo que calificamos como pseudociencias o pseudoterapias aquellos conocimientos y prácticas que fingen rigurosidad, ¿por qué no calificar de pseudofilosofía el pensamiento cuando el criterio se abandona en favor del oscurantismo o la superficialidad enmascarados de seriedad? Sirviéndose de ejemplos, anécdotas, fábulas, analogías y repre