"Ya sea al pedir un café, abrirnos paso entre los pasajeros del tren, tener tensas reuniones de trabajo, tomar algo con nuestros compañeros de trabajo o relajarnos en el sofá con nuestra familia, cada día está lleno de interacciones sociales que nutren y favorecen la salud de nuestro cerebro. Esta «dieta social» con la que alimentamos nuestro cerebro no solo da forma a nuestras experiencias, sino que además puede llegar a alargar nuestra vida.